martes, 31 de enero de 2017

20 años no son nada, pero cuatro aún son menos



Hoy hace justo cuatro años que dejaba la responsabilidad de Secretario General de la Federación de Industria Textil Químicas y Afines de CCOO,  más conocida en aquellos momentos como FITEQA,  y hoy parte de CCOO  Industria. Un aniversario que me invita a escribir este particular “Balance” de estos cuatro años con el objetivo de dar a conocer a aquellas personas, muchas por suerte, que me preguntan con sincero interés cuando nos encontramos, físicamente o en las redes: ¿qué tal  te van las cosas, Quim? ¿cómo está aquella metafórica pequeña barca, de un solo tripulante, que botaste al mar en aquel Acto del V Congreso de FITEQA “20 años no son nada”  celebrado el 31 de enero de 2013 en Bellas Artes de Madrid?

Les digo a estos amigos y amigas, siguiendo con la misma metáfora, que aquella pequeña barca aún está a flote. Posiblemente, porque he navegado con mucha prudencia y no me he alejado demasiado de la orilla de las costas conocidas. También quizás, porque he dedicado verdadero celo en conservar a los viejos amigos y amigas. Pero también he llegado a playas nuevas y desconocidas y a islas que ni imaginaba que existían. Lugares que me han exigido interesarme por nuevas materias, leer nuevos libros y conocer nuevas gentes, la gran mayoría infinitamente más jóvenes en edad que yo.  Lo que creo, con toda seguridad, es que me he hecho más rico en experiencias y emociones.

Les digo, también, que he invertido mucho tiempo y recursos en mi formación, asistiendo a cursos, seminarios y conferencias. Me matriculé en la Escuela de Coach Europea lo que me ha permitido certificarme primero como Coach Ejecutivo y, más tarde, como Coach de Equipos. 

Las horas de estudio y trabajo me han enseñado que  el lenguaje que usamos habitualmente para comunicarnos no es solo descriptivo, sino que también es acción y generador de realidad;  que saber escuchar es un arte tan difícil y necesario como saber hablar;  que confundimos constantemente el ser con el hacer; que uno ve el mundo como es; que la pregunta más potente que nos podemos hacer es  ¿para qué ?;  que una visión de futuro sin acción es simplemente un sueño; que los equipos pueden jugar: a no jugar, a perder, a no perder o a ganar y sólo ganan los que apuestan por lo último o que liderar consiste en conformar el futuro.

Una formación en Coach que además de proporcionarme nuevas competencias necesarias para mi nueva andadura profesional, que la podríamos definir como el servicio “de asistir a personas y equipos para que logren sus compromisos y que lo hagan mucho más allá de lo que parecía previamente previsible”, me ha  ayudado en la difícil gestión de la transición personal de pasar de liderar una organización y trabajar con un excelente equipo de personas, que siempre añoraré, a trabajar solo.

Reconozco que no es nada fácil pasar de dirigir un equipo, de tener amplio reconocimiento, relaciones públicas y disfrutar de un estatus social muy considerable, a trabajar solo y a imaginar propuestas y servicios que ofrecer a terceros. No es nada fácil tener que vaciar el depósito de las formas propias de hacer y las costumbres que tenías ayer. Vaciado necesario para que puedan caber también las nuevas expectativas, conocimientos y proyectos. Ahí creo que está, de verdad, uno de los desafíos más determinantes a la hora de afrontar el cambio, tanto si nos referimos a las personas como a las organizaciones: que muchas veces es necesario realizar el arduo trabajo de desaprender unas cosas para poder aprender otras. 

Estos cuatro años me han enseñado nuevos conceptos nuevos e incluso términos que jamás había oído y que hoy ya me son familiares, aunque no los pronuncie en voz alta para no hacer el ridículo por mi nulo conocimiento del inglés.

He realizado, en unos casos solo, en otros en colaboración con otros profesionales de diversas disciplinas o empresas, múltiples trabajos que van desde captar nuevos proyectos de I+D+i en la mayoría de las Universidades de España para convertirlos en futuros proyectos empresariales innovadores en nombre de una  importante Fundación,  hasta trabajos de asesoramiento y consultoría relacionados con la mejora del clima laboral, la dirección empresarial por valores o la puesta en marcha de voluntariado corporativo y RSC.

He colaborado en uno de los programas de la Escuela de Negocios IESE centrado en las técnicas de negociación.  En estos cuatro años he publicado, en diversos medios de comunicación, 131 artículos y he dado varias conferencias en diversas Universidades con títulos como “Los Cambios en la Empresa del Siglo XXI, Las Nuevas Relaciones Laborales y el Sindicalismo; Digitalización e Industria 4.0, Trabajo y el Sindicalismo.” http://pilarcefe.blogspot.com.es/

En el último semestre del pasado año, junto a otras personas, hemos puesto en marcha una iniciativa que hemos bautizado “Encuentros sobre la Digitalización de la Economía y la Relaciones Laborales”, en la que participan un grupo de grandes empresas españolas y sindicalistas de primer nivel de varias Federaciones de las CCOO y UGT. Hasta hoy se han celebrado dos encuentros y faltan dos sesiones más para  presentar y publicar sus conclusiones antes del próximo mes de mayo.

En cooperación con una pequeña empresa estamos poniendo en marcha un equipo, acción que me hace especial ilusión, un proyecto que aspira a acompañar, en el tránsito y la transformación de las pequeñas y medianas empresas del sector de la moda, hacia la digitalización e Industria 4.0. En dicho proyecto participaremos cinco personas pertenecientes a cuatro generaciones, lo que nos permitirá, algo tan poco habitual, como  mirar lo mismo, y al mismo tiempo, desde ángulos y experiencias muy diversas dicho proceso.

Con varios ex directivos, recientemente prejubilados de una gran empresa industrial,   como una iniciativa de voluntariado social, estamos impulsando un proyecto piloto,  en una ciudad del área metropolitana de Madrid, para luego extenderlo con más voluntarios a más ciudades, dirigido a los alumnos y alumnas de los institutos de enseñanza media para promover la formación en creatividad, innovación y emprendimiento social.

Pero también he realizado, solo o con otras personas,  muchos proyectos,  que después de su construcción y presentación a las personas o entidades que intuí podían ser  potenciales interesados, no he sabido convertirlos en realidad a pesar de tener el convencimiento  de que eran solventes y útiles. Ahí están, esperando su mejor momento.

Durante estos cuatro años he sentido los aciertos y errores de mi sindicato CCOO como propios y, cuando se me ha invitado, no he perdido ninguna ocasión que me permitiera reencontrarme con viejos compañeros y amigos de militancia. 

Han sido cuatro años de cambios y aprendizaje que me han permitido sentir, en muchas ocasiones, lo lejos que está una parte muy importante de la sociedad de los sindicatos y de su función en unos momentos de cambio profundo del mundo del trabajo en los que, precisamente, son más necesarios que nunca para la mayoría de la sociedad.

Pero no quiero ocultar la ayuda y apoyo que he recibido de muchos amigos y amigas durante estos años que me han corregido escritos, me han resumido libros que yo no era capaz de comprender; que me han hecho las presentaciones de las conferencias o de los proyectos; que me han traducido documentos, que me han escuchado y corregido ideas etc. etc. No he estado solo; solo no habría salido de puerto aquel 31 de enero de 2013. Gracias de corazón.

Cuatro años alegres, agradecido, con salud y ánimo para seguir trabajando cuatro  más, seguir disfrutando del trabajo,  seguir disfrutando de los amigos, de la mesa, de la familia, los viajes y de mi nieto que tiene un año y medio, que se llama Pau y vive en Bruselas.

Gracias por vuestro apoyo. 


jueves, 26 de enero de 2017

LOS ROBOTS ENTRAN EN EL PARLAMENTO EUROPEO

1/ Un robot no debe hacer daño a un ser humano ni, por inacción, dejar que este sufra un daño2/      Debe obedecer las órdenes que recibe de un ser humano, excepto cuando tales órdenes entran en conflicto con la primera ley. 3) Un robot debe proteger su propia existencia siempre que dicha protección no entre en conflicto ni con la primera ni con la segunda ley y 4)/ un robot no debe hacer daño a la humanidad ni, por omisión, dejar que esta sufra un daño véase Isaac Asimov,  Círculo vicioso (Runaround).

“Considerando que, desde el monstruo de Frankenstein, creado por Mary Shelley, al mito clásico de Pigmalión, pasando por el Golem de Praga o el robot de Karel Čapek —que fue quien acuñó el término—, los seres humanos han fantaseado siempre con la posibilidad de construir máquinas inteligentes, sobre todo androides con características humanas”. 

Así comienza la Propuesta de Resolución al Parlamento Europeo presentada hace unos días por el Grupo de Trabajo de la Comisión de Asuntos Jurídicos sobre las cuestiones relacionadas con la evolución de la robótica y la inteligencia artificial en la Unión Europea, y en el que han participado representantes de la Comisión de Industria, Investigación y Energía (ITRE), de la Comisión de Mercado Interior y Protección del Consumidor (IMCO) y de la Comisión de Empleo y Asuntos Sociales (EMPL) (1).

Actualmente existen 1,7 millones de robots en el mundo y están en constante expansión, lo que suscita complejas preguntas sobre las cuales los diputados del Parlamento Europeo deberán  intentar responder: ¿tienen derechos los robots?. De ser así ¿cuáles? ¿Qué principios éticos deben respetar? ¿Pueden considerarse responsables de accidentes?. En esta línea, la Propuesta de Resolución sugiere que los robots deben tener personalidad jurídica, como “personas electrónicas”, con sus propias características y repercusiones en lo que se refiere a atribución de derechos y obligaciones, incluida la responsabilidad por daños. También las empresas deben informar de cuánto y cómo contribuye la robótica y la inteligencia artificial a sus resultados económicos, para estudiar cómo se compensan las fuertes mejoras de productividad en la fiscalidad y también en las cotizaciones a la seguridad social.

Es necesaria mucha iniciativa política, social y sindical para responder a las previsibles consecuencias de que gran parte del trabajo que hasta hoy realizamos los seres humanos pueda ser sustituido por robots. Pues no se precisan grandes estudios científicos ni económicos para intuir los riesgos y consecuencias para el empleo y la futura viabilidad de nuestro modelo social, si se mantienen las  bases y criterios fiscales.

La discusión en el Parlamento Europeo evidencia lo que ya empezábamos a intuir, que esos robots inteligentes, protagonistas de las novelas y las películas de ciencia ficción, han pasado a formar parte de nuestra vida cotidiana, en el trabajo, en los servicios, en el transporte, en el hogar, etc. Junto a sus evidentes ventajas, existen también serios riegos e incertidumbres que exigen  encontrar respuestas a este desafío que afecta a todos los campos y estratos de la sociedad.

Se precisa acción política, social y sindical para encontrar nuevas normas, convenios, convenciones y leyes para impedir que la innovación tecnológica que representa la robótica y la digitalización ahonde, todavía más, la actual brecha social, generando más desigualdad en la distribución de la riqueza y el poder y, como apunta la Propuesta de Resolución del Parlamente Europeo, responda a los desafíos sociales en el campo del empleo, de la seguridad física, de la propiedad de datos personales y su privacidad, o de las “consecuencias invisibles” para la dignidad de las personas.

Esperemos que el Parlamento Europeo sepa responder con iniciativa política y leyes que impulsen nuevas normas y códigos de conducta, impulsando compromisos de responsabilidad social empresarial en la deontología de los fabricantes y las empresas usuarias de la robótica. Esperemos que se potencie el diálogo social y se refuerce la negociación colectiva para garantizar un reparto de la mejora de la productividad, y que el salto al mundo digital, al mundo de la inteligencia artificial de los robots, se haga garantizando una transición justa, y para ello es imprescindible que se invierta más, y en nuestro país mucho más, en el futuro de las personas.

Y ahí está el valor y la responsabilidad la acción política. La pregunta es ¿estarán nuestras fuerzas políticas a la altura del este desafío? Y vemos que por ahora perece que no, que están en otras cosas.  

lunes, 16 de enero de 2017

Inditex y los sindicatos: 10 años de buen ejemplo

A veces a los aniversarios, cuando el número de años termina en cero o cuando alcanza una fracción inolvidable como son los  25, 50, 75, 100 años, solemos darles especial significado y pueden servirnos para hacer balance del camino andado.

Así, con ocasión del décimo aniversario de la firma en el año 2007 del Acuerdo Marco Global de Inditex puede ser útil hacer un muy breve balance de la evolución e importancia de ese Acuerdo, firmado por el Secretario General de la Federación Sindical Internacional Textil (hoy IndustriALL Global Union), Neil Kearney, con Pablo Isla, en aquellas fechas Vicepresidente Primero y Consejero Delegado de Inditex.

CCOO y UGT, junto a nuestra Federación Internacional, intuíamos  que con la firma de este Acuerdo, el primero de una multinacional de cabecera española y, durante años  único también en la industria del textil-confección en el mundo abríamos una nueva etapa en el campo de la Responsabilidad Social empresarial y en la lucha sindical por el empleo digno y los derechos laborales de los miles de trabajadores y trabajadoras de las empresas proveedoras en todo el mundo que confeccionan las prendas de este grupo industrial. Intuíamos queabríamos un nuevo campo que emplazaba al sindicalismo a modificar la aún extendida actitud de delegar, en la práctica, en las ONGs la denuncia de la vulneración de los derechos laborales básicos en las fabricas proveedoras de las grandes marcas de la moda repartidas por el mundo,  e incluso, la representación en la práctica de sus miles, o cientos de miles,  de trabajadores y trabajadoras.

Sabíamos, cuando abordamos este Acuerdo, que podía representar un hito en la gestión de la Responsabilidad Social Empresarial si Inditex, como así ha sido, respondía con rigor a los compromisos que adquiría con la firma,  y para el sindicalismo global un nuevo derecho y con ello una obligación  y una razón más para redoblar esfuerzos en la lucha por garantizar el respeto de los derechos básicos del trabajo.

Fue un largo viaje desde CCOO (FITEQA-CCOO inicialmente, CCOO-Industria hoy) en torno a la política de RSE/RSC con Inditex, iniciado en el año 2002 al exigir la intervención y participación  sindical, que ha permitido avanzar en aspectos que vistos hace una década nos podían parecer  imposibles, como ha sido desde 2014 la entrega por parte de Inditex a la Federación Sindical mundial de la lista detallada, permanente actualizada, de sus ya más de 6.000 fábricas proveedoras, con más de 1,5 millones de trabajadores, desglosada por país y con datos sobre la producción realizada. O como el derecho de los sindicatos locales al acceso a los centros de trabajo de su país proveedores de Inditex, con objeto de poder controlar, verificar la aplicación del Acuerdo Marco y poder corregir sus posibles incumplimientos.

Mucho se ha andado desde aquel día del año 2001, que en mi calidad de Secretario General de FITEQA CCOO, junto a la compañera Mercedes López Rodríguez, entonces la responsable de CCOO en Inditex, entrábamos en  la sala de reuniones donde nos iban a presentar al Director del recién creado Departamento de Responsabilidad Corporativa. Tanto, que Inditex ese año tenía 25.000 empleados, 1.284 tiendas en 39 países y el Departamento que íbamos a conocer estaba formado por 4 personas y hoy ya son más de 160.000 empleados, 7.013 tiendas en 88 países y el ese  Departamento lo componen 125 personas.

Diez años de vigencia del Acuerdo Marco Global de Inditex  y  me atrevo a sugerir a la dirección de esta empresa y a mis amigos sindicalistas que están trabajando día a día en su desarrollo y aplicación, que aprovechen este décimo aniversario para presentar su balance a la sociedad, con sus hitos, sus éxitos y sus dificultades. Que expliquen las tripas de este complejo mundo de la moda y el trabajo diario que hacen los sindicatos para mejorar las condiciones de trabajo en el mundo. Que la empresa explique sus esfuerzos y su experiencia de trabajar estrechamente con el sindicalismo, para que sirva también como ejemplo a tantas y tantas empresas a las que sus miedos les hacen huir del compromiso con los sindicatos.

Que Inditex e IndustriALL Global Union aprovechen el décimo aniversario de este Acuerdo, que renovaron  y reforzaron en julio de 2014 en la sede de la OIT en Ginebra, para explicar el balance del trabajo común realizado, tan contrapuesto a la filosofía, todavía mayoritaria, en los empresarios y gobiernos, que siguen entiendo que los compromisos de Responsabilidad Social Empresarial son voluntarios, de gestión unilateral y el papel de los sindicatos exclusivamente  de  receptores de la información de la empresa. Una filosofía muy alejada a la NORMA PRIMERA de este Acuerdo que entiende: “el papel fundamental de la Libertad Sindical y el Derecho a la Negociación Colectiva la pieza fundamental para garantizar el cumplimiento de todas las demás Normas Internacionales del Trabajo en la cadena de producción y distribución de Inditexdebe tener en todos los países".

Que aprovechen la empresa y los sindicatos para explicar a los más de 160.000 trabajadores y trabajadoras de la empresa en el mundo y a la sociedad su contenido, el porqué y sobre todo el para qué de este Acuerdo. Ya que los buenos ejemplos sirven para avanzar.




martes, 3 de enero de 2017

Los catalanes somos especiales

Que Catalunya y los catalanes somos especiales, es un hecho irrebatible. Ya lo dijo Francesc Pujols (1882-1962) y lo repetía el pintor Salvador Dalí: ‘llegará un día en el que los catalanes, por el solo hecho de serlo, iremos por el mundo y lo tendremos todo pagado’. Quizás la premonición de Pujols  no se cumpla nunca, pero que somos especiales, no lo puede dudar nadie. Tan especiales, que llevamos varios años conviviendo, con cierta naturalidad, en dos mundos tan distintos que, si los midiéramos por sus estados emocionales y sus percepciones, bien podría parecer que habitamos en galaxias distintas. No me refiero a las comunes diferencias que existen en todas las sociedades entre clases sociales, ideologías o religiones, no. Me refiero a los dos mundos construidos a partir de la posición que se tenga, a favor o en contra, de la independencia de Catalunya.

Por una parte está el mundo independentista, hipermovilizado, en plena y constante excitación, viviendo en comunión un sueño sobre el que gira toda la vida social, mediática, política e institucional. Vive en un circuito cerrado, retroalimentándose de sus propias redes sociales, sus medios de comunicación, sus imágenes, noticias, informes económicos, sus personajes e ídolos. Todos juntos, ricos y pobres, derechas e izquierdas, capitalistas y anticapitalistas, trabajadores y empresarios. Un mundo que ha encontrado una explicación a la mayoría de nuestros males y, sobre todo, una solución a los mismos, mucho más fácil que la dichosa lucha de clases o la tediosa confrontación de modelos económicos, sociales e ideológicos, que son los que se expresan en las sociedades modernas y democráticas.

Y en la otra cara de la luna, como en otra galaxia que está a años luz, el otro mundo, la otra mitad, más o menos, de la sociedad catalana. Escéptica, que vive su cotidianidad ausente de las grandes efemérides y de esos hechos históricos que dicen están sucediendo mes a mes y año tras año. Otro mundo que asiste distante a la excitación de algunos conciudadanos y la mayoría de las instituciones públicas catalanas. Que se queda perplejo cuando oye a los representantes de las principales instituciones catalanas afirmar que están luchando por la conquista de la libertad y la democracia, y que vive con indiferencia las banderas esteladas en los balcones de sus vecinos, en las rotondas o en el ayuntamiento de su pueblo o ciudad.

Dos mundos que vivirán de forma muy diferente estos nueve meses que contempla el Pacto Nacional por el Referéndum hasta la cita del próximo septiembre. El independentista, con la emoción de renovar esperanzas y la ilusión del volver a empezar con nuevas pancartas, carteles y eslóganes, con páginas y horas de debate en los medios de comunicación. El no independentista, como una maniobra más de una constante táctica de distracción para disimular el fracaso y la evidencia de una estrategia sin salida.

Para unos, el proceso abierto tras el Pacto del 23 de diciembre es el penúltimo escalón que abrirá la puerta de la independencia de Catalunya. Para la otra mitad, no es más que la repetición del “histórico” 29N en el que participaron muchas, muchísimas personas, tantas como 2.305.290, nada menos, pero también y nada más que el 37.02% del censo, o la repetición del pasado proceso electoral del 27 de septiembre, presentado como un plebiscito, la última oportunidad, para romper con el pasado y abrir la ventana a un nuevo amanecer del nuevo Estado independiente de Europa con la desconexión de España en  18 meses. 

Y así, cada uno de ambos mundos vivirá a su manera estos nueve largos meses que restan para setiembre. Uno, movilizado y calculando las décimas  que suben o bajan en las encuestas  las opiniones favorables o contrarias a la independencia. El otro, aburrido del monotema y convencido de que la solución de sus problemas nunca dependerá del lugar desde dónde se gobierna, si aquí o allí, sino de quién, y sobre todo para quién, gobierna y qué intereses representa. Que las políticas,  principios y valores no nacen ni crecen según los territorios, sino que dependen de las personas y de sus valores: de derechas, de izquierdas, conservadoras, progresistas, honrados o corruptos etc.


En Catalunya este 2017, un año más, unos vivirán ilusionados con la independencia. Otros, la mitad más o menos, vivirán un poco más aburridos de este tema. Pero todos juntos, aunque a alguien  parezca inconcebible, seremos igual de demócratas y también igual de catalanes

jueves, 15 de diciembre de 2016

La ministra Báñez y su macguffin

Un macguffin  es la expresión acuñada por  Sir Alfred Hitchcook para definir la maniobra o excusa argumental, carente de relevancia en la película, donde apoyado por un elemento como un maletín, un sombrero, un elefante,  etc,  que el espectador no había apreciado hasta ese momento, realiza el director para despistar al espectador y provocar un giro en la trama.

Algo muy parecido acaba de hacer la Ministra Báñez. Nos ha presentado a bombo y platillo, en mitad del relato de inicio de legislatura que estamos viviendo y de preparación de la agenda de negociación del Dialogo Social en materias como pensiones, reforma laboral y renovación del Acuerdo para la Negociación Colectiva, su propuesta de modificar los horarios de trabajo para favorecer la conciliación de la vida laboral y personal, una idea recurrente y compartida por la inmensa mayoría de la sociedad y las fuerzas políticas y sociales.

El macguffinde la ministra Báñez, no debería cambiar el foco ni rebajar la preocupación social y la denuncia de las deplorables condiciones de trabajo y de salario de amplios colectivos de trabajadores y trabajadoras, fruto de los abusos en la contratación de la mayoría de las empresas multiservicios, o las diferencias salariares entre directivos y trabajadores, de las más agudas de Europa, o la devaluación que han padecido los salarios entre los jóvenes y las nuevas contrataciones en las empresas, una auténtica lacra social que empieza a ser denunciada por la mayoría de las instituciones económicas por representar un serio riesgo para la salud y el equilibrio de nuestra economía.

Unos temas que precisan negociación, diálogo y decisión para afrontarlas con máxima urgencia que están situadas en la agenda social y política y hasta ahora ocupaban las primeras páginas en los medios de comunicación y no deberían ser relegados por este macguffinde la ministra Báñez en forma de iniciativa política novedosa del gobierno Y que, como el espectador en el cine, no desviemos la mirada,
en este caso, las prioridades y las urgencias, mientras nos cambian la trama.

Esperemos que se reafirme la agenda política y se aceleren las negociaciones de los temas pendientes, que son difíciles y urgentes pero necesarios de resolver como la brecha salarial, la Inspección de Trabajo o la reforma del Estatuto de los Trabajadores,  además de las ya citadas.

Ello no quiere decir, muy al contrario, que no debamos afrontar también la racionalización horaria con seriedad y rigor, trabajando medidas que faciliten la conciliación de la vida personal, familiar y laboral. Conscientes de la necesidad  de poner en común los tres espacios ahora tan difícil de armonizar, para tantas personas, como son los horarios de trabajo, los escolares y comerciales y los personales, de ocio y relaciones sociales, lo que supone introducir cambios, en algunos casos muy profundos, en los hábitos y costumbres de la sociedad, y que precisará de un conjunto de pactos y acuerdos sociales para que sea posible.

Pero una muestra importante del grado de madurez de  nuestra sociedad en relación a la demanda de reformas horarias nos la dará también cuantas medidas y derechos se pactarán en los convenios colectivos que favorezcan e impulsen la conciliación, en línea con la afirmación de Miguel Ángel Aller, director de personas, organización y cultura de Gas Natural Fenosa, en el periódico Expansión del 13/12/2016, donde afirma la necesidad de que se pacte en las empresas  “un horario de gran flexibilidad de entrada, salida y pausas para la comida, Bancos de Tiempo para la realización de gestiones personales en horario laboral etc, …… acciones que contribuyen a la mejora de la calidad de vida de las personas y a su autorrealización personal, que tienen un efecto de retorno en mejora social y muy probablemente en mejorar la productividad nacional”.


Conciliar la vida laboral, personal y profesional, racionalizar los horarios, cambiar las costumbres. Pongámonos a ello, que no sea uno de esos espacios comunes que sirven para hablar y hablar pero que luego la vida de los hechos, los convenios colectivos, las leyes, van en dirección contraria. Al final solo sirven para entretener, cuando no es para despistar como un macguffin, pero este es un tema demasiado serio y necesario para jugar con él.


lunes, 12 de diciembre de 2016

Sindicato 4.0 para una Industria 4.0

“Los más apasionantes avances revolucionarios del siglo XXI no ocurrirán por la tecnología, sino por un concepto expansivo de aquello que implica ser humano” ,
John Naisbitt


Sabemos que el cambio tecnológico basado en la digitalización y en la Industria 4.0 (algoritmos, robots, inteligencia artificial, Internet de las cosas, impresoras 3D, nuevos materiales etc.), no consiste sólo en unos cuantos robots, en operarios con tablets en la cadena de producción, o compañeros y compañeras trabajando en teletrabajo desde casa, sino que representa un profundo cambio en la visión misma de la empresa en todos sus niveles. Supone un rediseño de su propia esencia, su organización de la producción, su relación entre proveedores, productores y clientes, y por supuesto una transformación muy profunda de las relaciones laborales y sindicales. Hay incluso quienes afirman que estamos ante un nuevo salto en la historia de la Humanidad.

Pero no sabemos, con tanta seguridad, las consecuencias que este profundo y acelerado cambio tecnológico va a representar en el empleo, en las condiciones de trabajo o en la distribución de la riqueza. Ni quién, entre los diversos gurús y expertos que pronostican el futuro, tendrá razón. Si los tecno-optimistas, que describen una futura sociedad del ocio con más y mejor empleo gracias a la  tecnología, o los pesimistas que afirman, con igual contundencia, que el resultado de esta transformación representará la masiva destrucción de empleo, porque entienden que llegaremos al colapso tecnológico, y por tanto se romperá el círculo virtuoso que ha existido hasta ahora entre innovación tecnológica, reparto de la productividad y nuevos empleos.

Dos visiones que por su larga experiencia el movimiento sindical sabe que pueden ser igual de perniciosas para los trabajadores. Ambas convergen en un mismo mensaje: el determinismo que invita a la subordinación, a la pasividad de los actores sociales y políticos y a la resignación ante los cambios. Una visión que invita a quedarse sentado a contemplar cómo pasa el tiempo y a esperar que  la tecnología traiga por sí misma el progreso, el empleo y la humanización del trabajo y la otra, también perdedora, que representaría para el sindicalismo izar la bandera de la resistencia para conseguir lo imposible: impedir el cambio tecnológico y renunciar a intervenir en la transformación en marcha.

Por esto, consciente de la trascendencia de los cambios y de su papel, el sindicalismo sabe que deberá trabajar duro para ganarse un papel relevante en este proceso de transformación y transición digital en las empresas. Para ello necesita mantener una posición activa, tener propuestas e iniciativas propias sobre los nuevos empleos y condiciones de trabajo, en salario, seguridad, formación permanente o participación de los trabajadores. El sindicalismo sabe que no valdrán sólo las grandes declaraciones y eslóganes, y precisará formar a sus equipos de sindicalistas, buscando nuevos conocimientos y construyendo nuevas alianzas con sectores profesionales, técnicos y centros de estudio del mundo del trabajo. Y tendrá que reforzar al máximo la cooperación sindical internacional para intercambiar conocimientos, experiencias y las mejores prácticas entre los sindicatos de los diversos países y de las grandes empresas transnacionales que ya están viviendo la transformación digital.

Tendrá que volver a definir y, en muchos casos, conquistar espacios de participación en los centros de trabajo, como nos propone José Luis Lopez Bulla, en su muy conocida reflexión publicada en abril de 2015 http://lopezbulla.blogspot.com.es/2014/09/la-parabola-del-sindicato.html, sobre los retos para el sindicalismo en  esta fase, como la necesidad de “interpretar adecuadamente los procesos reales que se desarrollan en los ecocentros de trabajo, lo que va surgiendo y lo que desaparece …… y los nuevos derechos propios de esta fase tecnológica; y con qué amistades preferentes vamos a caminar en tan largo recorrido que tiene que construir”

La Industria 4.0 puede ser una oportunidad para fortalecer el papel del sindicalismo, si es capaz de aprovechar una de las características propias de esta nueva fase, como la transparencia y la implantación del trabajo colaborativo entre funciones y departamentos, o la cultura de mayor trabajo de equipo entre trabajadores, técnicos e ingenieros, ante la desaparición de los departamentos estancos o las estructuras cerradas de la vieja empresa.

Una oportunidad para corregir el actual déficit de representación del sindicalismo entre los colectivos de trabajadores más cualificados y más jóvenes, e intentar representar también sus intereses específicos junto al resto de colectivos de la empresa. Una buena oportunidad para motivar su implicación  y sumar conocimientos imprescindibles  para construir la estrategia sindical ante la Industria 4.0, de un sindicato más fuerte y útil.

Digamos un Sindicato, también, 4.0, capaz de organizar y representar la cada vez mayor diversidad del trabajo en la empresa donde se han incorporado nuevas herramientas digitales en la gestión de las personas, cuyo derecho de utilización debería ser exigido por los representantes sindicales en la negociación colectiva. Nuevas herramientas que han cambiado radicalmente la concepción y la vieja dirección de recursos humanos, que han revolucionado tanto las formas de control y comunicación interna de la empresas como entre los propios trabajadores.


Sindicato 4.0 para esta era de los grandes datos y la inteligencia artificial, donde esperemos que la capacidad de iniciativa, fuerza y talento sindical impidan que esa nueva “fábrica inteligente” del futuro, no acabe siendo la fábrica “estúpida”  e injusta para sus trabajadores y trabajadoras, donde el trabajo haya perdido toda consideración y valor social. Ahí está el reto, esperemos que la inteligencia sindical sepa responderle. 

lunes, 21 de noviembre de 2016

28 NOVIEMBRE, POR UN PACTO DE ESTADO POR LA INDUSTRIA

Abrimos una nueva legislatura que debería ser determinante para corregir políticas y afrontar en serio las reformas que tenemos pendientes, pero seguimos, parece que por mucho tiempo, en un clima político preñado de desconfianzas y en una batalla permanente de todos contra todos, lo que añade serias dificultades para acometerlas con un mínimo de éxito. Seguimos con la demostrada incapacidad de los protagonistas políticos e instituciones para escucharse, dialogar y sumar compromisos y voluntades necesarias para  afrontar los desafíos que reclaman respuestas en  la actual situación y en tantos campos.

En contraste con este ambiente general de falta de diálogo, el próximo día 28 de noviembre, en la sede del Consejo Económico y Social, tendremos un buen ejemplo del valor de la suma de voluntades y el acuerdo entre diversos, con la firma de la ‘Declaración de los Agentes Sociales por la Industria’ por parte de siete organizaciones empresariales que representan a los sectores industriales de la química, automoción,cemento, papel, petróleo, alimentación  y la siderurgia (FEIQUE,ANFAC, AFICEMEN, ASPAPEL, AOP, FIAB,, UNEDIS)y las Federaciones Sindicales del ámbito industrial de CCOO y UGT.

Esta iniciativa exige cambios, reformas y acción política en los campos de energía, infraestructura y transporte, formación, empleo, I+D+i, internacionalización, unidad de mercado nacional y europeo en materia de regulación en el ámbito industrial y ambiental, financiación, sostenibilidad, etc. Políticas, en definitiva, que potencien la industria, que es la condición indispensable para generar crecimiento económico y empleo de calidad necesario para mantener y ampliar nuestro Estado del Bienestar.

Nada nuevo, si se quiere, porque la mayoría de estas demandas son propuestas y exigencias que se vienen repitiendo por todas las fuerzas políticas, económicas y sociales; las vienen reiterando los medios de comunicacióny los profesionales en la materia. No hay un solo discurso, debate o exposición que haga referencia a las urgentes necesidades como país que no nos recuerde la necesidad de potenciar la industria y reclamar el repetido y necesario cambio de modelo productivo. Y ahora, más recientemente, ante la acelerada transformación tecnológica, no añada también la demanda de iniciativas, recursos y atención política para acompañar e impulsar la digitalización y la Industria 4.0 en nuestra economía y empresas. 

Por ahora, solo llegamos a repetir eslóganes, pues la cruda realidad es que se reduce la inversión en I+D+i; se cierran centros tecnológicos; se sigue deteriorando el mercado de trabajo, avanzamos poco, por no decir  prácticamente nada, en la formación profesional; y seguimos a cuestas con la siempre pendiente reforma educativa, que debe ser la base de cualquier transformación y cambio productivo. De igual forma que seguimos, profundizando cada día más, en una total y absoluta falta de coordinación de recursos, objetivos y estrategias entre el Gobierno Central y las Comunidades Autónomas, y éstas entre sí, a la hora de dirigir los recursos y afrontar sus políticas industriales o  sus particulares iniciativas en torno a la Agenda Digital.

Por esto, el principal valor  de la  Declaración de los Agentes Sociales que se firmará el próximo 28 de noviembre -y esperemos no se convierta en un papel mojado más-, por los representantes de empresas y trabajadores de los más importantes sectores industriales, es la acertada reclamación de un Pacto de Estado por la Industria que promueva la suma de esfuerzos y voluntades para convertir la apuesta por la industria en el centro de las preocupaciones de la acción política en nuestro país. Que construya los necesarios compromisos a largo plazo entre las administraciones públicas: central, autonómicas y locales; los partidos políticos, agentes económicos, sociales, la comunidad del conocimiento, en definitiva, del conjunto de la sociedad.

Un Pacto de Estado que responda a los nuevos retos que nos exige la acelerada transformación tecnológica y digital de la industria, la economía y la sociedad. Que sitúe la mejora competitiva de la industria y la creación de empleo de calidad en una de nuestras principales prioridades, también en los ámbitos que les son propios a las organizaciones firmantes como es la negociación colectiva. Que convierta esta nueva legislatura que empieza, en la Legislatura de la Industria. Y para ello, debemos pasar, sin más dilación, de las palabras a los hechos, antes que se nos vuelva a escapar, una vez más, el tren del futuro.